lunes, 14 de junio de 2010

Monedas del Bicentenario ¿Turístico?

Como ya es tradición en nuestra historia numismática, salieron a la calle la nueva serie de monedas conmemorativas del Bicentenario de la Revolución de Mayo.

Nuestra reina se encargó en su momento en dar la noticia que en general pasó desapercibida, excepto para los varios coleccionistas de monedas, como este Escriba, quienes nos pasamos varios días aguardando que se diera la autorización para tener acceso a ellas.

Me llamó la atención el diseño, porque en lugar de tener alguna alegoría a la Revolución de Mayo, todas tenían en su anverso, temas relacionados a lugares turísticos. ¡Ni siquiera el cabildo figuró en esta serie!

Si me pregunta, le responderé: "¡un disparate, marca K!

Pero, asumiendo que estoy muy equivocado y que las imágenes de zonas turísticas son las adecuadas para ilustrar la conmemoración de esta fiesta nacional, ¿no habría que haber incorporado las Cataratas del Iguazú? o quizá, para demostrar una celebración más federativa y nacional, ¿no hubiera sido interesante emitir una moneda de cada provincia? ¿El Obelisco no es un símbolo representativo de nuestro país?

En fin. Tal vez Ud. me diga que siempre me quejo. Puede ser. Pero más allá de las excelentes tallas de las monedas, hasta ahora, no encontré a nadie del gremio numismático conforme con esta edición, como así tampoco, quien pudiera explicar el olvido a los revolucionarios de mayo o su símbolo principal: el Cabildo.

Los Derechos Humanos no tan derechos

Hasta que en este país no se haga justicia respecto a lo que sucedió durante la triste década de los ´70, no tendremos Paz. Justicia, con mayúsculas y no un linchamiento judicial. Hasta ahora, solamente vi sentado en los banquillos a un sector de esa lucha fraticida.

Aquellos que abrazaron los asesinatos y atentados como metodología para imponer sus ideas durante un gobierno democrático, se pasean entre nosotros dándonos clase de Derechos Humanos, acusando y señalando con sus dedos manchados de sangre -agrupados bajo el paragüas de "Jóvenes idealistas"- a cualquiera que haya vestido uniforme, independientemente de su responsabilidad. Abundan los testigos truchos, que por unos cuantos pesos son capaces de jurar que, hasta su mascota de cuatro patas, sufrió un secuestro y tortura.

Que quede claro. Hay que juzgar a los verdaderos responsables, no a las Instituciones.

Esa ola, a la cual hoy se montan todos aquellos que se dicen progresistas y defensores de los Derechos Humanos, tarde o temprano terminará mansa sobre la playa. Porque no se puede sostener con la realidad histórica. Eso si que es un hecho.

Los políticos en general sucumben a lo que ellos consideran la corriente de votos. No importa si hoy van para la izquierda y mañana para la derecha. Lo importante es aparecer simpático a una determinada línea de opinión, aunque en el fondo sepan que están matando a la verdad.

Este tema está muy bien desarrollado en la editorial de La Nación de hoy. Es para ponerle un marco y colgarlo en su escritorio, aunque alguno lo acusará, seguramente, de apoyar el golpe del ´76 y a sus protagonistas.

Aquí va:

Como parte de una estrategia de largo aliento y con múltiples apoyaturas, diversos grupos que se dicen progresistas han convertido a la noble idea originaria de los derechos humanos en un factor de presión y, a veces, hasta de extorsión cultural. Los derechos humanos corren el riesgo de pasar a convertirse en una mercancía cuya utilización se sujeta a la agenda de poder.

Algunos de quienes usufructúan esta distorsionada aplicación del concepto han desarrollado, con el correr del tiempo, una suerte de manía posesiva respecto de él. Se sienten dueños excluyentes frente al resto de la sociedad de la defensa de los derechos humanos y descartan que nadie los utilice para causas que no son las de ellos. Es así como, cuando alguien los contradice en sus afirmaciones, es acusado de golpista, destituyente o represor.

Así se entiende que la señora Hebe de Bonafini, que ha reivindicado la acción de grupos terroristas y que no ha tenido empacho en justificar los crímenes de la ETA y los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York, sea considerada por varias organizaciones de derechos humanos de nuestro país una representante fiel de sus ideales.

La pretensión del monopolio semántico sobre una idea abstracta encubre un inaceptable y peligroso grado de cinismo.

Al influjo irresistible del prestigio de los derechos humanos, incrementado en las últimas décadas, grupos autodenominados progresistas ha reformulado su pureza originaria y los han ideologizado hasta convalidar otro prejuicio: el de que un gobierno, un funcionario o un intelectual son valiosos y respetables sólo en la medida de su adhesión invariable, automática y con frecuencia servil a la causa agresiva y sectaria de esos derechos humanos que sólo miran la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

La Argentina quedó atrapada en esta alineación de influencias y en esta compleja cadena histórica de desvirtuamiento y tergiversación de esos derechos que corresponden a todos. Padecemos en nuestro país, quizás, el ejemplo más brutal de esta visión sesgada de la que hablamos, de este modo de trocar la originaria idea de unos derechos inalienables e irrenunciables que no dependen de la aquiescencia del soberano, en un instrumento propio de combate y propaganda. Debería saltar a la vista el hecho de que, por ejemplo, si es válido matar para defender los derechos humanos y aún para imponerlos, entonces los derechos humanos estarían por sobre el principio de esa vida que dicen respetar.

En la historia política reciente de la Argentina, han sido erigidos en héroes, censores y protectores de los derechos humanos individuos que, en su momento, no vacilaron en abrazar la lucha como miembros de las organizaciones armadas terroristas de los años setenta y que llamaban, entonces, a "la guerra revolucionaria popular prolongada", según la fórmula en boga. Interesa poco dirimir aquí qué razones tuvieron para hacerlo. Pues si para decidirse a matar -esto es, decidirse a suprimir el derecho del otro a la vida- bastan ciertas razones que a quien lo hace le parezcan válidas, entonces dichas razones pueden ser creídas e invocadas simétricamente por su adversario. Y en tal caso, ¿por qué uno ha de convertirme luego en juez del otro?

Nuestra sociedad tiene mucho camino por delante para encontrar los equilibrios que la lleven a recuperar el respeto por ciertos valores de los que nunca debió haberse apartado. Los derechos humanos, que incluyen las garantías y libertades individuales pero no se agotan en ellos, son un capítulo pendiente en la búsqueda del equilibrio en que debe basarse el bien común.

Nuestra clase política e intelectual tienen la enorme e inexcusable responsabilidad de marcar los rumbos y de corregir desviaciones como las que han movido a estas reflexiones. Sólo así será posible retomar la senda del verdadero progreso en un marco de reconciliación e intensa colaboración social.

jueves, 10 de junio de 2010

Sigue el sainete

Clarín ahora y Klarín hace unos años, nunca fue un diario -a mi modesto entender- confiable. Siempre tomaba la información con pinzas, porque en el fondo, había un negocio o un interés del Grupo.

Nobleza obliga: todos los medios son iguales.

Sin embargo, debo reconocer que en algunas ocasiones los análisis políticos que presenta son coherentes y razonables.

Este es el caso de la columna de hoy de Ricardo Roa, referido al sainete del corte del puente en Galeguaychú y las múltiples contradicciones de este payasesco gobierno.

Lo transcribo a continuación, vale la pena.

La primera conclusión del anuncio de Aníbal Fernández sobre Gualeguaychú es que pese al fallo que ordenó al Gobierno despejar el puente, seguirá el corte y quizá por mucho tiempo. La segunda es que volvió a patear la pelota afuera, en la creencia de que es posible convivir con los problemas sin enfrentarlos y gambeteando siempre los costos

En la actitud oficial hay contradicciones por todas partes.
En 2006, cuando la de los asambleístas aún era “una causa nacional”, Fernández impidió que un juez levantara el bloqueo con el argumento de que eso era una atribución del Gobierno.

La semana pasada, la Presidenta dijo que la decisión debía venir de la Justicia. El martes el juez lo decidió. Y ayer el Gobierno interpretó que el fallo es de cumplimiento imposible.

Suficiente como para no acatarlo. Y pirueta completa.

Otra contradicción aparece en la lista de delitos que el Gobierno usará para querellar a los asambleístas. Desde amenazas agravadas hasta homicidio culposo. Cualquiera de esos supuestos delitos fueron cometidos durante el larguísimo tiempo que el puente lleva bloqueado. La pregunta obvia es: ¿ por qué no los denunció antes ?

La del jefe de Gabinete fue una conferencia con periodistas pero sin preguntas. Y quien presume de ser un hábil polemista dijo lo que quería decir y se fue.
O, más bien, recitó lo que le ordenaron. Llenó tiempo con reiteraciones y cada tanto repasaba las páginas que tenía sobre el estrado, para no apartarse del libreto.

Aníbal F. insistió en que el Gobierno no va a reprimir ¿Qué pasará si finalmente la Justicia comprueba los delitos y los que los cometieron continúan en el piquete? ¿Mandará la Gendarmería a detenerlos?

Claro que eso llevará mucho tiempo.


Justamente lo que busca el Gobierno.

lunes, 7 de junio de 2010

Son necesarios billetes de valores más altos

Según nuestros genios que ocupan los sillones gubernamentales y el INDEK, nuestro país no tiene inflación. En algunos casos reconocieron al menos, un breve acomodamiento de precios.

Sin embargo, los que pateamos la calle vemos que nuestro dinero cada vez vale menos. No hace falta que le explique, los innumerables ejemplos que a diario nos toca vivir: desde el estacionamiento del auto, pasando por un simple cortado hasta las compras del supermercado.

No hace mucho tiempo atrás, conseguir cambio de 100 pesos era una tarea imposible. Hoy día, no hace falta ni preguntar. Y ya que estamos con estos billetes, Ud. ¿no considera oportuno la emisión de nuevos billetes de $200, $500 y $1.000?

Seguramente más de uno del gobierno lo pensó, pero también debe haber analizado la consecuencia política de tal acto. Si de pronto aparecen estos billetes con una denominación más alta, seguramente quedará demostrado que tenemos inflación o que nuestra moneda pierde peso, valga la redundancia. Y si ello es así, teniendo en cuenta que en los últimos 7 años hubo un K en la presidencia, los responsables de este cambio quedarán expuestos.

Otra inquietud que tengo es, si decidieran finalmente emitirlos, ¿qué personajes y lugares ilustrarían dichos billetes?

Seguramente dejarán esta tarea al nuevo gobierno que los suceda, porque formará parte del paquete que entregarán, conjuntamente con la actualización de las tarifas de los servicios, arreglo del INDEK, inflación, trabas a las exportaciones e importaciones, lucha contra la pobreza, y miles de etc.

Excepto, claro, que Ud. esté convencido que en el 2011 ganan de nuevo. En ese caso, seguramente tendremos algunos problemas más serios para solucionar, que unos simples billetes.

martes, 1 de junio de 2010

Socio en las ganancias: simplismo sindical

Héctor Recalde quiere presentar un proyecto de ley para que las empresas distribuyan los dividendos de las empresas entre sus trabajadores. Si mal no recuerdo, no es la primera vez que alguien propone esto.

Me parece que este abogado sindicalista no comprende qué significa ser empresario y tener una empresa. Voy a tratar de ayudarlo, dado que, es un asiduo lector de este blog.

Una persona o varios se reunen para conformar una sociedad. Con su patrimonio, o líneas de créditos avalados por sus propios bienes, invierten en lo que consideran un negocio. Arriesgan su capital, con la esperanza de poder multiplicarlo a futuro.

Para ello contratan personal y cumplen con lo que establece la ley. Pagan sus salarios fijados por los sindicatos, hacen sus aportes y depositan las cargas sociales. Este rubro, en general es uno de los costos más altos que tiene cualquier empresa, tal vez relegado por el combustible o la energía, dependiendo del tipo de empresa.

Es decir, los empleados cobran a fin de mes, lo que les corresponde, independientemente de la situación del negocio. Si la cosa no funciona, cobran igual hasta que la empresa quiebra o desaparece.

Sin embargo, si la empresa funciona bien, aquellos socios fundadores comienzan a recibir la devolución de su capital y pueden reinvertir en su propia empresa. Mientras tanto, los trabajadores pueden asegurarse su futuro, sabiendo que la empresa está bien encaminada y que tendrán trabajo por unos cuantos años.

La propuesta de Recalde, es que los empleados sean socios en las ganancias. Recibir un porcentaje de la utilidad de la empresa. Aparentemente es una actitud loable, diría casi como Robin Hood. Mi pregunta es ¿y si no hay utilidad y la empresa pierde dinero? ¿los laburantes aportarán parte de su pequeño capital para ayudar a disminuir dichas pérdidas?

Se socios en las ganancias es un simplismo que solo entra en la cabeza de aquellos que nunca trabajaron. Los que nunca formaron parte de una empresa privada y que tuvieron que afrontar miles de dificultades para sobrevivir.

No conozco ningún empresario que arme una empresa para ser filántropo. No es su objetivo. Pero tengo conocimiento de muchos de ellos, que a sus empleados los tratan muy bien y les dan mucho más de lo que el Convenio Colectivo les indica, porque consideran que su principal capital es la gente que lo rodea.

El sindicalismo de nuestro país, es un fiel reflejo de lo que no hay que hacer. Sindicalistas forrados de dinero, con una vida más que placentera y en algunos casos mejor, que muchos empresarios.
Mientras que, sus afiliados, llegan a fin de mes con lo justo.

¿Y si revisamos que pasa en la conducción obrera?