Mostrando entradas con la etiqueta Honduras; Zelaya;. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Honduras; Zelaya;. Mostrar todas las entradas

miércoles, 27 de enero de 2010

Sin gloria


Zelaya, finalmente, se fue de Honduras y terminó en Santo Domingo. Y, como era de esperar, salió sin gloria y mucha pena.

¿Dónde están ahora todos los gobiernos latinoamericanos que, con bombos y platillos, amenazaron con dejar aislado a Honduras, si no volvía Zelaya al gobierno?

Una vez más, triunfó la racionalidad y no las declamaciones de barricada progresistas que solamente apelan a idealismos de juventud. Lo lamento por Brasil, cuya estrategia salió mal. Quizás Lula pensaba que podía capitalizar esta crisis, para fortalecer a su país dentro de la geopolítica latinoamericana, pero no pudo con los EEUU, que a pesar de todos sus problemas, sigue teniendo un peso más que importante.

¿Y Chavez? Dejó a su experimento librado a su propia suerte. Lo usó y como vio que no iba a progresar, le soltó la mano. ¡Lindo ejemplo para sus socios actuales y futuros!

¿Ud. se dio cuenta que, a medida que iba pasando el tiempo y luego de figurar durante algunos días, los problemas de comida y agua que tenía el sacado presiente en la embajada brasilera, el tema desapareció de las noticias? El zurdaje nacional, ni siguiera hizo una movilización. O asumieron que estaba todo perdido o se dedicaron a temas más redituables.

Los medios en general, tampoco se dedicaron más a Honduras. Como la cosa se estaba ordenando y no había más problemas, dejaba de ser noticia.

Bien por el pueblo y las Instituciones de Honduras. Demostraron ser más serios y responsables que muchos de sus vecinos y autotitulados "líderes"

martes, 24 de noviembre de 2009

Zelaya quedó solo


Carlos Alberto Montaner escribió un artículo que explica, según su criterio, por qué Estados Unidos retiró su apoyo a Zelaya.

Lo resume en cinco puntos básicos
1) El Departamento de Estado comprobó que el respaldo institucional hondureño a la destitución y arresto de Zelaya era prácticamente unánime y se mantenía firme, pese a las sanciones y las cancelaciones de visas. Los poderes legislativo y judicial, las Iglesias, el ejército y, según las encuestas, el 80% de la población preferían a Zelaya alejado del poder.

2) El informe del departamento jurídico de la Biblioteca del Congreso sobre la remoción de Zelaya, solicitado por un legislador, no dejaba lugar a dudas: aquél había sido separado del cargo y sustituido por Micheletti de acuerdo con la legislación hondureña. Expulsarlo del país seguramente fue ilegal (acaso debieron dejarlo encarcelado), pero exigir su restitución era tanto como pedir a los hondureños que violaran la ley.

3) Hábilmente, el nuevo gobierno de Honduras había trasladado el debate al seno de la sociedad norteamericana, por medio de congresistas y senadores republicanos, y la administración de Obama estaba pagando un precio político interno por sostener una postura antidemocrática contraria a los intereses y valores del pueblo estadounidense.

4) En el Departamento de Estado circulaban dos páginas compiladas por la inteligencia norteamericana en las que se consignaban los presuntos delitos y complicidades del entorno más íntimo de Zelaya con el narcotráfico y la corrupción. No tenía sentido colocarse en ese mismo bando, mientras Washington mantenía en el país la base militar de Palmerola, supuestamente dedicada a vigilar y combatir actividades afines a las que realizaban familiares y amigos de su contradictorio protegido.

5) Tampoco parecía sensato alentar la supervivencia artificial de un régimen que militaba abiertamente en el campo chavista, familia política aliada a Irán. Chávez, que hasta hace poco era clasificado como una pintoresca molestia, al asociarse a Teherán y prestarle apoyo para el desarrollo de armas nucleares ha pasado a ser un enemigo peligroso.

Desde este humilde sitio, siempre afirmamos que la destitución de Zelaya no fue un golpe de Estado sino un acto democrático y previsto en la Constitución del país. Lo que no compartimos fue la forma en que fue expulsado.

Es evidente que la progresía tiene un hueso atragantado. Pese a todas las declaraciones y apoyos testimoniales, no pudo revertir la situación. Esto no termina aquí, pero si en las inminentes elecciones el apoyo de la ciudadanía en las urnas es masivo, Zelaya será simplemente un triste recuerdo.