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sábado, 24 de abril de 2010

Fascistas pagos o progres patoteros


Una vez más, el zurdaje fascista local impidió una presentación porque no está de acuerdo con las ideas del expositor.

Otra vez, le tocó a la Dra Hilda Molina recibir los cachetazos. Destaco este párrafo: "es algo que en Cuba pasa siempre" y sostuvo que "los brazos del régimen llegan a lugares insospechados". Asimismo, consideró que los jóvenes que la agredieron verbalmente "estaban organizados y no querían dialogar".

Hay una triste realidad, esto sucede en casi todo el mundo. Es cierto también que estos grupos están bien organizados y convenientemente financiados para poder movilizarse.

Ahora bien, ¿y los organizadores? ¿no sabían que esto podía suceder? Estoy convencido que si el orador hubiera sido el Coma Andante Fidel, una patota habría custodiado el ingreso para evitar cualquier escándalo.

Sinceramente, la sorpresa habría sido que no haya habido ningún disturbio durante la exposición.

martes, 22 de septiembre de 2009

Defendiendo lo indefendible


La Dra. Hilda Molina, publicó en su blog un post dedicado a aquellos que la insultaron cuando señaló los problemas que tiene la isla. Lo irónico del caso, es que gente que nunca viajó a Cuba y que solamente habla por lo que le dijeron, la acusa de mentirosa.

El día que la isla-cárcel se abra al mundo y se pueda mostrar la realidad, ninguno de los que hoy defienden la dictadura izquierdosa del Coma Andante van a abrir la boca. Lo mismo que sucedió cuando cayó el muro de Berlín o desapareció la URSS, que tanto apoyaban.

La Revolución cubana dejó de ser una revolución idealista y simpática hace años. Se trata hoy de la supervivencia de una Nación. Del atraso y postergación de generaciones enteras que no conocen otra cosa que la libreta de racionamiento, la mordaza a sus expresiones y la falta de libertad absoluta.

Lo dice una persona que abrazó los ideales de esta revolución desde la primera hora y que sacrificó su vida por defenderla, hasta que comprendió que el camino elegido los llevaba al precipicio. Estuve varias veces allí por razones laborales y puedo confirmar que no es un paraíso de vida; es más, ninguno de los que defienden la política castrista aceptaría vivir en esas condiciones.

Haga Patria, ¡cómprele a un progre argentino, un ticket de avión de ida a Cuba!